lunes, 8 de marzo de 2010

Cuatro palabras



















Fin del día. Cae la tarde. El último tramo y la puerta se abre. Entro y la empujo como queriendo dejar afuera la urgencia, la prisa, el desborde de un mundo enloquecido, el tropel desbocado de mil personas anónimas que ni siquiera me rozan y para las cuales soy también un anónimo ser invisible. La jornada pesa, el cansancio en la espalda, las piernas protestan... Abandono los zapatos por el camino, el sillón me recibe con un suspiro. Cierro los ojos.
Sus pasos son leves como huellas de hada sobre la nieve. Se detiene frente a mí y ya siento que está allí aún antes de abrir los ojos. La miro. Sonríe mientras se trepa sobre mis rodillas. Sus brazos suaves y frescos rodean mi cuello. "Te amo mucho, nona". Ha salido el sol.

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